Vicente Feliciano
Presidente
Advantage Business Consulting
El Nuevo Día
16 de noviembre de 2014
Se puede comparar al Puerto Rico de hoy con el Nueva York de la crisis de deuda de la década del 1970. Lo que salta a la vista son las diferencias en vez de las similitudes, tanto en los esfuerzos durante la crisis como en el ambiente externo durante el proceso de salir de la crisis.
La diferencia principal entre Nueva York y Puerto Rico es que las bases de la economía de Nueva York eran excelentes, aun en el nadir de la ciudad. Por lo tanto, su problema era uno fiscal. La respuesta a un problema fiscal es sencilla: reducir gastos y aumentar impuestos. Una economía en crecimiento se encargará del resto.
Nueva York experimentó la declinación de lo que una vez fue una industria pujante, el sector de la ropa. La declinante competitividad de este sector produjo reducción en empleos y emigración. Paralelo a este cambio estructural la alcaldía de Nueva York se entretenía aprobando presupuestos deficitarios, extendiendo concesiones a los sindicatos, etc.
Sin embargo, en medio de su crisis, Nueva York contaba con numerosos sectores de clase mundial que levantarían a la ciudad si se atendía la situación fiscal. Wall Street era el mayor complejo financiero del mundo, la industria de publicidad norteamericana tenía su epicentro en Nueva York, muchas corporaciones del Fortune 500 tenían su base de operaciones en la ciudad, Broadway no tenía rivales en teatro, había hospitales de clase mundial y la ciudad continuó siendo destino de turismo global aun durante la crisis.
Comparemos con Puerto Rico cuyo principal sector de clase mundial, manufactura de ciencias vivas (farmacéuticas, biotecnología, instrumentos médicos) se ha visto afectado por la eliminación de la Sección 936 y por la aprobación de la Ley 154 que impuso un arbitrio a las transacciones intra-compañías. El turismo es competitivo, pero dista de ostentar niveles que sean la envidia del mundo. Otros sectores todavía son muy pequeños como para cambiar el paradigma de la economía de la Isla.
La geografía es otra diferencia marcada. En la década de 1970 algunos empleos y residentes de Nueva York se trasladaron a los suburbios o a Nueva Jersey. Por lo tanto, estos empleos y esta población continuó siendo parte del ecosistema de la economía de Nueva York. En comparación, la emigración desde Puerto Rico, una isla caribeña, tiene un impacto mucho mayor en términos de las perspectivas futuras de crecimiento económico y sustentabilidad de la deuda.
Para salir de la crisis, Nueva York recibió apoyo sustancial de parte de los gobiernos estatal y federal. A pesar del mensaje inicial del Presidente Ford a Nueva York de “drop dead”, el gobierno federal proveyó préstamos por $2,300 millones, representando el 15% de la deuda de la ciudad en aquel momento. Nueva York se encargó del costo del sistema del City University of NY, así como parte del sistema de tribunales y la beneficencia social. Es poco probable que la Isla se beneficie de apoyos de esta magnitud.
Mientras que Puerto Rico hasta el 2006 mostraba muchas de las características fiscales de la alcaldía de Nueva York, desde entonces no ha sido así. Se han establecido nuevos impuestos y se ha contraído el sector público. Entre las medidas implantadas se encuentra el IVU de 7% en el 2006, el despido de miles de empleados públicos en el 2009 y la reestructuración de los planes de pensiones en el 2013.
Mediante alianzas público-privadas se trasladaron activos al sector público, como fueron la autopista PR-22 y el aeropuerto internacional LMM. En este sentido, Puerto Rico ha ido más allá de lo que jamás se le pidió a la ciudad de Nueva York, que continuó siendo dueña y operando sus aeropuertos.
Sin embargo, Puerto Rico continúa en dificultades. La razón es que el problema de Puerto Rico dejó de ser fiscal. Como diría el estratega político James Carville, “It’s the economy, stupid”.
El problema de Puerto Rico no es un sector público demasiado grande sino un sector privado demasiado pequeño. En el 2014 había unos 15 residentes por cada empleo en el sector público de Puerto Rico, cerca del promedio de 14.5 observado en los Estados Unidos. El problema es que Puerto Rico tiene 5.4 residentes por cada empleo en el sector privado mientras que los EE.UU. tienen 2.3 residentes por cada empleo privado.
Como era esperado, los ajustes fiscales llevados a cabo desde el 2006 contrajeron la economía, redujeron el empleo total y promovieron la emigración. Esto conlleva una erosión en los recaudos de Hacienda, lo que a su vez requiere otra ronda de ajuste fiscal.
LA SOLUCIÓN. La salida a este círculo vicioso es generar actividad en los sectores que compiten en la economía global. Nueva York contaba, y cuenta, con sectores en abundancia. El desempeño de Puerto Rico desde el 2006 en estos sectores como grupo (manufactura, turismo, aeronáutica, exportación de servicios y agricultura) ha sido poco satisfactorio.
Detroit realizó fuertes ajustes fiscales, desde recortes salariales a empleados públicos hasta reducciones en los beneficios de los pensionados. Aun así, radicó quiebra. La base de la economía de Detroit consistía en el sector automotriz como la industria dominante. Cuando el sector se contrajo, la capacidad de la ciudad de pagar su deuda se desmoronó.
Las condiciones en Puerto Rico no están cerca de las que tiene Detroit, pero están muy lejos de las que tenía Nueva York.